Expreso del Centro

Entradas clasificadas como ‘Perfil’

El pequeño traficante

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

 

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A los 12 años, cuando apenas era un niño, David Alejandro incursionó en el mundo de la droga sin antes haberla probado. Desde New York llegó a Colombia, su país natal, para seguir con el negocio que heredó de su padre.

Por Laura Santisteban Niño

Hoy tiene 20 años y quizá ha vivido más que un hombre de 50. Ha habitado las celdas gringas, robado a “traquetos”, ha visto morir gente a manos de sicarios, mover armas, vender sexo, traficar todo tipo de alucinógenos. Ha visto lo más oscuro que una mente pueda imaginar.

Solo, o mejor con “escama”, su perra American Pittbull, en una habitación que también hace las veces de sala y cocina, con licuadora, estufa de un puesto, nevera donde refrigera el “perico”, microondas y una mesa improvisada de centro sobre la que siempre “hay como un kilo de bareta”; en algún lugar de chapinero sobre la avenida caracas, donde para llegar hay que caminar por un pasillo oscuro y estrecho y subir unas escaleras alfombradas, guarda su “merca” y planea sus “vueltas”.

Las paredes de su “casa” están pintadas con un estilo particular. La silueta de una ciudad abarca una de las más grandes y dos mapas de New York se exhiben como cuadros sobre los cuales les explica a sus amigos y visitantes dónde y cómo están ubicadas las pandillas de la ciudad y de qué manera se mueve allá el negocio de la coca, la marihuana, el crack y las pepas.

“Sinceramente no sé que me gusta. Mmm, me gusta vender drogas, escuchar música y admirar niñas lindas. Uy sí, eso sí. ¡Severo!” Así transcurren los días de David; entre la legalidad, mientras trabaja en un Call Center, y la ilegalidad, surtiendo de “ganjah”, o lo que necesite la gente de por ahí, sus amigos y las trabajadoras sexuales de un bar vecino. (más…)

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Sueños de un gigante

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

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Taz, un bailarín de 1,25 metros, ha representado a Shaggy,  Elvis Presley, Michael Jackson,  Simón Bolivar y Juan Valdez, entre otros personajes. Este es su recorrido entre el rock y el mapalé.

 Por Mayra Alejandra Margffoy Tuay

 El escenario está lleno de bailarines con trajes coloridos que se mueven al ritmo del Mapalé. De repente todos se van tras bambalinas y los tambores siguen retumbando fuertemente. Todas las personas que están de rumba ese sábado en la noche en La Muralla, ubicada en la calle 67 con 13, se quedan inmóviles como si algo fuera a pasar. De pronto aparece Luis Andrés Arenas vestido del tradicional Juan Valdez y comienza a bailar alegremente al ritmo de la música.

La tarima no lo queda nada grande aunque él se vea bastante pequeño dentro de él, aunque él no sea un bailarín de contextura gruesa capaz de sostener las caderas de otra bailarina. Luis Andrés o ‘Taz’, como le dicen sus amigos, es un bogotano de sangre paisa que ha logrado gozarse la vida en el mundo del espectáculo y que tiene grandes sueños. Con 25 años, 1,25 metros de estatura y una ansiedad capaz de acabar dos cajetillas de cigarrillo en un día, ha dado vida a Shaggy, a Elvis Presley, a Michael Jackson, a integrantes de la banda Kiss y otros 10 personajes con su interpretación.

Disfrazándose para vivir y viviendo para disfrazarse, Taz le ha apostado a la rumba como un medio para salir adelante y para escalar profesionalmente. Actualmente no hace tantos ‘shows’ como antes, pues también es el asistente operativo del bar, cuya escenografía  parece la plaza típica de un pueblo más que una pista de baile con luces. (más…)

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Detective de arrabal

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

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Garufa ha vivido entre el tango y la criminalística. Los rostros de este cantante y detective privado.

Por: Santiago Villa

“Ésta es la música de la vieja guarda”, anuncia el cantante por el micrófono mientras se agacha para cambiar la pista en el equipo de sonido que instala cada noche de viernes sobre la carrera séptima.

Yergue la espalda, se da la vuelta para enfrentar al público que llega al círculo y lo desafía mientras los bafles lanzan los primeros acordes del bandoneón: “Mi música es para los que aprecian el buen arte y aquí estamos para rendirle un homenaje a los maestros del pasado. A quien no le interese esto se puede ir. La siguiente canción es ‘Garufa’”.

Inspiró su nombre artístico y es obligatoria en el repertorio semanal. Cuando explica porqué, ríe asomando los dientes inferiores: “Es que yo siempre he sido muy bohemio”.

El Garufa del tango se encaja las polainas y el cuello duro el sabado a la noche y se va para el centro de rompedor. Durante la semana mete laburo, es decir se parte el lomo, pero su madre dice que es un bandido porque supo que lo vieron en lugares de mala reputacion. En el tango Garufa lleva una doble vida.

En la realidad también.

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Vivir por transformarse

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

 

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Hace diez años Diego se hizo un pequeño piercing en la ceja. Hoy, con nueve perforaciones, once joyas debajo de su piel, la lengua partida en dos y casi todo su cuerpo tatuado; siente que los cambios que se ha hecho aún no son suficientes.

Por Ana María Villegas

En una congestionada calle en el corazón de Chapinero, un barrio de Bogotá atestado de negocios, de gente corriendo, de buses y de pitos, queda Store Tattoo. Detrás de un mostrador lleno de piercings que separa el interior del local de la gente que entra, asoma la cabeza un joven de cuya frente brotan seis púas de metal.

Él es Diego Castiblanco, un adicto a las transformaciones corporales. Además de las púas, tiene otras cinco joyas incrustadas debajo de su piel -una en el brazo, otra en la mano y tres en el pecho-; los cartílagos de sus orejas saturados de piercings y los lóbulos deformados por expansores; dos argollas que cuelgan de un hueco en su nariz con unos dos centímetros de diámetro; la lengua bífida como la de una serpiente; unas cicatrices hechas a propósito en su pecho llamadas escarificaciones; y casi todo su cuerpo tatuado.  El pelo fucsia, el metal, la pintura y la deformación, hacen que a pesar de sus 157 centímetros de estatura, no pase desapercibido.

Sabe que dentro de poco se hará una transformación más, pero no tiene muy claro cuál; tampoco sabe explicar la razón por la que se tatuó el demonio de su espalda o la figurita rosada de su antebrazo. Con un tono de rebeldía y la mirada clavada en el piso, se justifica con insistencia: “me modifico porque vivo de esto, porque es mi vida, mi manera de expresarme”.

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La ‘mera rasqa’ de Velandia

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

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El músico piedecuestano Edson Velandia decidió crear un nuevo género: la rasqa, que para él ya no es fusión. La música de su grupo, Velandia y la Tigra, se declara piedecuestana, que “no es lo mismo que colombiana”. No está regida por esa frontera nacionalista, ni tiene que ver solamente con las ‘nuevas músicas colombianas’.

Por: Juan Pablo Angarita Bernal

El señor con cabeza de burro entra al escenario. Atrás, una banda marca un ritmo muy cercano a la champeta. Se mueve al ritmo de lo que suena, y como si nada, empieza a quitarse la chaqueta elegante. Tira de las orejas de su máscara, y, finalmente se la quita. No dice nada. Suena alguna programación con el sonido de burro. La trompeta hace algunos ruidos disonantes, y el señor, que ya no tiene cabeza de burro dice: “Yo…ataco la bacteria sin doctores, caliento la lengua con palabras graves, afino la mirada con puntillas, y salto la muralla sin que me percaten. De raza dicen que soy: Burro.”

Velandia se presenta con sus propias palabras ante un público bogotano que apenas empieza a conocerlo. Su personaje es nuevo para la mayoría, que no se imagina que terminarán la noche “brindando por el fracaso” con el discurso del autodenominado Alcalde de Piedecuesta, dirigiéndose, con la “usual cabeza de burro”, y el “vestido de domingo”, a sus coterráneos. Edson acaba sus conciertos de Velandia y la Tigra, casi siempre, con el discurso a lo Gaitán de la Farra Garrotera, y el brindis disonante de toda su banda tocando “una composición de Federico Pachón, más conocido como Federico Chopin”. No dice nada más.

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“Doy mi vida por Santafé”

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

Por Laura Medina Londoño

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La vida de Alejandro cambia dramáticamente cuando decidie entregarlo todo y unirse a las barras bravas de Santafé.

Ser parte de las barras bravas de Santafé no es más que entregar su vida, su tiempo, su pensamiento, su corazón y sus convicciones a un equipo de futbol; es así como este personaje llamado Alejandro Hurtado, desde hace mas de 4 años, dedica su vida a apoyar incondicionalmente a su equipo del alma.

Es cuestión de mirarlo únicamente para saber qué tipo de hincha es. Sus pintas tienen un común denominador: tenis Adidas, jeans azules y por supuesto las infaltables camisetas de futbol que pueden variar entre las del Manchester, Milán, una que otra de Argentina y docenas de Santafé. Una jerga que sólo sus colegas barristas entienden y una fiebre por dejar plasmado su amor por el equipo en cuanta pared o silla de transporte público tocan. (más…)

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La vida anónima de D. Buenavida

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

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Por: Gabriela Supelano

Por los restaurantes de Bogotá se mueve un crítico fantasma. Nadie conoce su nombre pero en las cocinas temen su visita.

D. Buenavida entra conmigo al restaurante Vitualla y deja que yo escoja mesa, el salón está lleno, es la hora del almuerzo. Se sienta y pide la carta. “Cuéntame, “¿Qué es lo que más piden acá?”, pregunta y una mesera atareada que responde de forma automática: “Para hoy tenemos sopa de ajiaco y costillas barbicue”. Buenavida pide tiempo para revisar la carta y la mesera se retira apresurada.

Con gran dificultad conseguí reunirme con Buenavida bajo la promesa de total confidencialidad. “¿Qué quieres pedir?” me pregunta mientras leo una carta llena de platos costeños, desconocidos para mi. Afortunadamente puedo aprovechar su conocimiento “El mote, es una sopa espesa, que se hace con ñame y se le pone también queso costeño”. Para este momento ya ha sacado una delgada grabadora digital gris, que esconde entre sus manos. La acerca a su boca para narrar lo que ve, huele y prueba; habla suave. “¿No sientes miedo de que te descubran?” le pregunto. “Usualmente saben que algo extraño está pasando, pero no se pillan quien soy”, responde D. Buenavida y sigue grabando. “La tostada está apenas aceptable,… el sabor del mote sobresaliente, buena textura… la cazuela de mariscos un total fracaso, sabe agrio, mucha harina en la preparación…” (más…)

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Fe ciega

Septiembre 10, 2009 · Dejar un comentario

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A los 18 años quedó ciego pero una practica de 5 horas diarias  lo llevó a ser  un nadador paraolímpico reconocido en todo el continente.

autor:   Tatiana Ramírez Camargo.

Una espesa madrugada nublada, la oscuridad permanente y manchas canela son los únicos vestigios de color que puede apreciar.  Él prefiere ignorar lo que ya no puede ver, se acostumbró a convivir con las sombras. Leider Albeiro Lemus es un invidente de 22 años, y es nadador paraolímpico.

Vive en una pequeña casa, ubicada en la zona franca de Fontibón, junto a su hermana y su sobrina. Siempre toma su bastón con la mano derecha y da ligeros golpes a los objetos para evitar romperlos. Pero usualmente sus intentos son fallidos.

-           “Mi vajilla me toca cambiarla a todo hora, ya no tengo más vasos de vidrio, tengo de plástico porque a toda hora me los parte; pero Albeiro tiene una gran ventaja, que es muy colaborador”, cuenta su hermana María Teresa Lemus, la persona que actualmente vela por él.

Desde hace dos años su vida es rutinaria y paradójicamente esperanzadora. Se levanta a las 6 de la mañana, empaca sus implementos deportivos en una maleta y desayuna algo ligero. A las 7 AM ya se dirige al complejo acuático del Simón Bolívar para ir a entrenar de 8am a 12 pm como lo hace todos los días. Sus pasos son lentos y algo inseguros pero es un camino que ya conoce de memoria. (más…)

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Los Retratos de Luzdari

Mayo 8, 2009 · Dejar un comentario

Siempre que algún transeúnte se acerque a la plaza de Bolivar encontrará, aparte de las miles de palomas grises que buscan que les rieguen su maíz, un grupo de personas que caminan alrededor con chalecos azules y una cámara digital esperando a decirle a casi cualquier persona: “¿Quiere una fotico?”. Entre toda esta muchedumbre de fotógrafos callejeros se encuentra una señora que va y viene por la plaza con una maletica roja y los bolsillos llenos, un gorro azul de pescador y un pelo canoso y crespo que se le escapa por los bordes. “Mañana ya me tengo que arreglar el pelo, lo tengo muy alborotado”, dice Luzdari Restrepo, una de las pocas fotógrafas de la zona.

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La Lustrabotas del Parque de las Nieves. por: Mònica Bàez Archila

Mayo 7, 2009 · Dejar un comentario

Mónica, una mujer que ha sobrevivido once años en un oficio considerado sólo para hombres.
Aunque Mónica Rodríguez es una mujer de tan solo 31 años, lleva once en el oficio. Un oficio al que llegó por necesidad, pues siendo muy joven tuvo que asumir ser madre soltera al ser abandonada por su compañero sentimental cuando su bebé tenía tan solo 28 días de nacida. No fue fácil, reconoce que tuvo mucho miedo pues no sabía hacer nada, no había terminado ni el bachillerato y las oportunidades de trabajo eran escasas. Tuvo que irse a vivir a la casa de su madre, quién desde el primer día le exigió que consiguiera un empleo para ayudar con los gastos.
Fue entonces, en medio de la desesperación que apareció su gran amigo y vecino, Luis Sarmiento, quién le ofreció enseñarle el arte de lustrar botas y zapatos. Sin embargo, a Mónica no le sonaba mucho la idea pues tenía temor a enfrentarse a un oficio del que no tenía muy buena concepción y que a su parecer era muy bajo para una mujer como ella. Toco puertas en restaurantes, cafeterías, fábricas y casas de familia, y no consiguió ningún empleo. Ante tal situación se ánimo a pasar por el Parque de las Nieves donde trabajaba su amigo Luis, quién le insistió en enseñarle a embolar zapatos para que empezara cuanto antes a trabajar. Mónica aceptó sin mucho interés y con la incertidumbre de cómo le iría con un trabajo que realmente le desagradaba. Fue presentada a los demás emboladores del parque, quienes se reunieron para decidir si la recibirían en el grupo o no. Algunos fueron de entrada muy machistas y la rechazaron de inmediato a incorporarase al grupo; sin embargo, otros entendieron su difícil situación y accedieron a que se uniera a trabajar con ellos.
Todo fue muy rápido, tuvo solo un día de lecciones y al día siguiente su amigo Luís ya le había conseguido su primer cliente. Empezó con unas botas de trabajo prestadas y una caja de embolar fiada. Ese primer día fue muy duro, recuerda que cuando se sentó la primera persona frente a ella tuvo mucho temor, era un ejecutivo de la zona que llevaba unos finos zapatos; empezó a llorar, estaba tan descompuesta que el cliente se preocupó y le preguntó la razón de su tristeza. Mónica le contó su historia y él la entendió, le dijo que tuviera verraquera y luchara por ser alguien en la vida para poder mantener a su pequeña hija. Ese amable señor se encargó de traerle más clientes y así fue mejorando en el oficio. Reconoce que no solo le afectaba el rechazo de algunos compañeros y clientes que no creían que pudiera hacer un buen trabajo , sino que le daba pena desempeñar un oficio como este y llegó hasta inventarse que trabajaba como empleada del servicio doméstico.
Con el paso del tiempo adquirió gran habilidad con el cepillo,los betunes y el pulidor; fue ampliando su lista de clientes que aunque no era igual a la de sus compañeros hombres, le daba para el sustento diario. Es más, muchos empleados del sector que la visitaban le traían regalos para su bebé como pañales, ropa, leche y juguetes.
Hoy en día el panorama es diferente, pues Mónica respeta el oficio que desempeña y le agradece a dios y a su amigo Luis por esta oportunidad que tuvo en un momento tan difícil. Ahora tiene una mejor relación con sus 17 compañeros, se han organizado y han mejorado el lugar de trabajo. Además, se siente respaldada pues forma parte de una cooperativa de lustrabotas que le ha permitido gozar de los beneficios de un programa de educación promovido por la Alcaldía y la ETB, en el que recibe clases gratuitas de sistemas todos los sábados. Espera que algún día pueda aplicar estos conocimientos pues reconoce que los computadores son su gran pasión.
Sentada hoy en su puesto de trabajo en la mitad del parque de las nieves, vestida con un overol y botas negras; esta mujer alta y delgada muestra en su rostro las marcas que le han dejado estos años de duro trabajo. Sin una gota de maquillaje, con su pelo rizado y recogido; con timidez comenta que fue valiente al enfrentarse a un trabajo considerado para hombres y del que se siente muy orgullosa de desempeñar. Concluye, que aunque los tiempos han cambiado las mujeres tenemos que seguir luchando por desempeñar todos los papeles de la sociedad y desestigmatizar el oficio de lustrar botas como lo ha hecho ella por varios años.

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