El escondido, elusivo y exclusivo Cementerio Alemán de Bogotá no sólo guarda los restos de la comunidad alemana en Colombia, también es uno de los últimos bastiones de sus tradiciones y cultura que, poco a poco, se van esfumando en los demás roces de la vida diaria.
El Cementerio Central de Bogotá, último lugar de reposo de cientos de bogotanos, se ha convertido en un punto de visita obligado para los capitalinos que, dentro de él, tienen la oportunidad de encontrar tumbas de personajes tan famosos como Leo Kopp, fundador de Bavaria, o de enterarse de las variopintas leyendas que desde este camposanto han logrado colarse en el imaginario de la ciudad. Pero son muy pocos los visitantes que asisten curiosos a esta ciudad de la muerte los que saben que, a sólo unos pasos de la entrada de este popular cementerio, existe otro que, aunque incomparable por su minúsculo tamaño, guarda un número casi similar de secretos y leyendas.
Este diseñador gráfico bogotano de 28 años, ha tenido desde siempre la necesidad de crear, encontrando en su colectivo Toxicómano Callejero, la oportunidad de hacer de las paredes su lienzo y a Bogotá su público.
Por: Adriana Lozano Carvajal y Juan David Lozano Rincón.
Luis Javier González es el único de los huelguistas de DMG que ha resistido al hambre y a los desalojos de la policía. No volverá al Putumayo hasta no recuperar su dinero.
Por María Paula Martínez Concha
Jhon William Ramírez, “Willy”, es un payaso que decidió alternar las risas de los niños y las aventuras del circo con un trabajo más lucrativo: anunciar los platos de un restaurante de bajos precios.
Doña Ana Dolores y su burrita Filomena bajan todas las mañanas al congestionado centro de Bogotá, para recoger las sobras de comida de restaurantes que sirven para alimentar los cerdos, ovejas, gallinas, gatos y perros de su finca que está sobre los cerros orientales de la ciudad.
Los tatuajes tienen su origen en las cárceles. Los prisioneros los usaban como una marca para reconocerse entre las diferentes bandas y/o pandillas a las cuales pertenecían.
Pero hoy en día, han cambiado su connotación y ahora son considerados una expresión artística, que va de la mano con ideales, significados y creencias plasmadas en tinta sobre el cuerpo, por esta razón, en las diferentes subculturas se han estado utilizando para rectificar la pertenencia, el compromiso y la dedicación de cada miembro que hace parte de cada una de ellas.
Vea el fotoreportaje y un video del proceso al final de la historia
Andrés un joven de 22 años, empezó a sentir alucinaciones; luego de una hora de ceremonia se sentía como volando en un sueño del cuál no podía despertar. Mientras tanto su cuerpo expresaba los efectos de la planta antes ingerida, comenzó a vomitar mientras que aumentaba la temperatura de su cuerpo y empezaba a sudar. Estos y otros efectos obtuvieron los participantes que lo acompañaban en una ceremonia que duro aproximadamente hasta las seis de la mañana en la carrera 9 con calle 10 en el centro de Bogotá.
ayawasca, planta del Putumayo
En el departamento del Putumayo se encuentra el yagé, para prepararlo en la corteza se desprende de los bejucos gruesos y se hierve en agua; en la mayor parte de la Amazonía colombiana, la corteza simplemente se amasa en agua fría. En ocasiones el líquido amargo resultante se fortifica con un número de otras plantas. Los aditivos usados frecuentemente son la hojas de Oco-yagé o chagropanga, diplopterus cabreraza (malpighiaceae) y chacruna, psychotria viridis (rubiaceae).
Los chamanes del Putumayo hacen uso de este alucinógeno para lograr sus visiones, su fuente más importante de conocimiento. “Bebemos yagé…”, dice Isidro Jacanamijoy, taita de la tribu Inga”…el espíritu comienza a hablar, y nuestras almas son liberadas de nuestros cuerpos”. “Uno se transforma con el espíritu del Yagé, él indica que enfermedad tiene, quien le hizo daño, si se puede curar o no, después le muestra las planticas que pueden curarlo”.
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Fotoreportaje hecho a partir de still frames y música del documental bajando la Vista; recopilando las miradas de la gente hacia un hombre de talla baja en la calle 10a con 20 en el centro de Bogota.
“Carlos”, seudónimo que prefiere el protagonista de este fotoreportaje, es un hombre de talla baja que tiene una condición precaria de salud. Tiene problemas cardiacos, depende de medicinas costosas, y le cuesta trabajo caminar ya que se fatiga. Consecuencias de su estatura. Sin embargo, el seguro social no le reconoce su condición física como una discapacidad, asi, “Carlos” no tiene ningún servicio especial y sus tratamientos se han vuelto supremamente lentos, confusos y hasta olvidados por los procesos legales.
Es un hombre que ha sufrido, ha sentido la discriminación laboral, en las calles, y hasta en los consultorios médicos. Esta en una situación económica precaria, y por su misma condición no puede trabajar. Es duro en sus palabras, sensible y hasta rencoroso cuando recuerda situaciones que ha tenido que vivir.
Este material fue recopilado entre febrero y marzo del 2008, con el fin de hacerle entrevistas y conocer mas su diario vivir. Esto fue permitido hasta un limite- empezando porque nunca acepto que se usara su nombre real.
Este acercamiento por medio de fotografías puede darles una idea de lo que es caminar en el centro de la ciudad para este hombre.
Por el centro de Bogotá se pasean tres roedores con su dueño llevando diversión a la gente, invitándola a apostar algunas monedas y convirtiendo así las calles del centro en un verdadero casino ambulante, en donde las ruletas y las cartas de póker son reemplazadas por las veloces patas de Pocholo, Firulai y Victorino. Conózcalos en este audio – fotoreportaje.