Expreso del Centro

La tradición no muere

Mayo 14, 2009 · 1 comentario

Por Pablo Medina Uribe:

El escondido, elusivo y exclusivo Cementerio Alemán de Bogotá no sólo guarda los restos de la comunidad alemana en Colombia, también es uno de los últimos bastiones de sus tradiciones y cultura que, poco a poco, se van esfumando en los demás roces de la vida diaria.

El Cementerio Central de Bogotá, último lugar de reposo de cientos de bogotanos, se ha convertido en un punto de visita obligado para los capitalinos que, dentro de él, tienen la oportunidad de encontrar tumbas de personajes tan famosos como Leo Kopp, fundador de Bavaria, o de enterarse de las variopintas leyendas que desde este camposanto han logrado colarse en el imaginario de la ciudad. Pero son muy pocos los visitantes que asisten curiosos a esta ciudad de la muerte los que saben que, a sólo unos pasos de la entrada de este popular cementerio, existe otro que, aunque incomparable por su minúsculo tamaño, guarda un número casi similar de secretos y leyendas.

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UNA CUCHARA POR LA CANDELARIA

Mayo 14, 2009 · 1 comentario

Bogotá ha convertido sus restaurantes en una atracción turística, se puede encontrar una gran variedad de opciones para todos los gustos; según las estadísticas del DANE es un sector en crecimiento constante, especialmente por sus ganancias. En la ciudad ya hay varias zonas que se han posesionado como puntos gastronómicos y la Candelaria no se quiere quedar atrás.

José es un joven caleño a quien sus amigos convencieron de visitara la Candelaria, mientras come un plato mixto árabe en Shawarma Khalifa, un restaurante en el eje ambiental, comenta que había venido varias veces a Bogotá, pero nunca se había tomado el tiempo de recorrer el centro histórico, finalmente se decidió y según él no es tan maravilloso como lo pintan: “uno no disfruta tanto de la arquitectura porque toca estar pendiente todo el tiempo de que no te vayan a robar o algo así”. Como parte de la población flotante que viene todos los días a la Candelaria, Angélica, estudiante de la Universidad de los Andes, trata de convencerlo de que el barrio tiene mucho para dar y si se obvian los problemas de seguridad, se puede disfrutar además de la arquitectura, de la oferta gastronómica y cultural. José no cambia de opinión, insiste en que los museos no son el plan más entretenido y en cuanto a los restaurantes: “no son los mejores, si uno va a la zona T o a la G se puede encontrar con lo mejor en un ambiente más tranquilo y seguro”. Conseguir ese ambiente que se logra en otros puntos de la ciudad fue la idea de un grupo de empresarios que decidió formar la Zona C.

La Zona C

mapa

En noviembre del 2007, en medio del Primer Festival Gastronómico Cachaco de la Corporación la Candelaria, se lanzó la iniciativa de crear una unión entre cafés y restaurantes de la localidad para mantener unos estándares de calidad y precios, además de colaborar con la seguridad y mantener el centro histórico. A la idea de los empresarios se unió la Alcandía y el asunto parecía que iba a funcionar, sin embargo, dos años después la percepción de los turistas no ha cambiado, el programa ha perdido fuerza y ya poco se habla de la Zona C, inclusive el Festival Gastronómico Cachaco no se volvió a realizar; parece ser que la falta de interés por parte de las autoridades de llevar más allá la iniciativa empresarial y ciudadana hizo que los programas no siguieran avanzando, ya que después del lanzamiento cada negocio debía ocuparse de su promoción individualmente. El papel de la Alcandía se limitaba a brindar apoyo y fijar los estándares que se debían cumplir para mantener el centro histórico.

Patricia Nova de la Oficina de atención al ciudadano de la Alcaldía local de la Candelaria explica la Zona C:

http://www.goear.com/listen/6f5a526/Zona-C-Patricia-Nova

Los diferentes medios que cubrieron el lanzamiento de la Zona C no disimularon su entusiasmo con el evento, inclusive Kendon MacDonald dedicó su columna en El Tiempo a narrar los pormenores del Festival y el nacimiento de la nueva zona, pero el título que usó resulta premonitorio: “¿Nación la Zona C de Bogotá?” (http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3755518#). La respuesta a la pregunta se puede encontrar en lo poco que se habla de ella en estos días.

Un nuevo paladar

A pesar de que los programas de promoción de la zona no se hayan mantenido, el sector gastronómico sigue creciendo, con la particularidad de que el interés de los bogotanos por la cocina internacional ha crecido y se han dejado atrás los sabores más tradicionales. La oferta de restaurantes de comida típica se ha mantenido en los lugares de siempre, pues más que las recetas de los abuelos, cuando se habla de nuevos restaurantes de comida colombiana, se trata sobre todo de comida fusión. He aquí uno de los fuertes de la Candelaria, mantener la tradición, es en este barrio donde se encuentran los lugares más antiguos, inclusive en lo que se refiere a la comida internacional; pues mientras el resto de la ciudad está hipnotizada por los sabores asiáticos y la cocina peruana, en la Candelaria predomina la comida italiana, mexicana y argentina, además de lo más tradicional de la cocina francesa y española, todo dispuesto para que caminar por la Candelaria siga siendo un viaje en el tiempo.

Foto galería de restaurantes:

http://www.flickr.com/photos/marantoniagr/sets/72157618020966659/show/

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Doña Ceci

Abril 23, 2009 · 2 comentarios

Por: Pablo Medina Uribe

María Cecilia Ortiz, Doña Ceci, ha atendido una tienda de su propiedad en el centro de Bogotá por más de 25 años. Pero, más que convertirse en la despachadora de alcohol favorita de los estudiantes, trabajadores y turistas de la zona, su figura se ha convertido en la de una segunda madre para todos aquellos que frecuentan su negocio.

Han pasado pocos minutos desde las once de la mañana. En la carrera cuarta con calle trece, en el centro de Bogotá, ya la puerta roja de metal ha ido hacia arriba y la tienda que esconde ha comenzado a atender a su clientela. Detrás del armatoste de vidrio que ha tenido que instalar por las nuevas leyes de la alcaldía distrital, pero que le disgusta porque le dificulta charlar con los clientes que se acercan, una mujer está acomodando todos los productos -chocolates, botellas de licor, paquetes de papas, gaseosas y otra larga variedad de comestibles- en los diferentes mostradores. María Cecilia Ortiz es una mujer robusta, pero con una expresión dócil y tierna. Nacida en Villavicencio en una familia no muy acomodada, muchas veces habla con la sumisión de las personas del campo, pero aún con la firmeza de quien sabe cuándo hay que ponerse al mando de la situación. Llegó a Bogotá hace más de treinta años para acabar su bachillerato y, espantada por el calor de su tierra natal y encantada por el ambiente de la capital, decidió quedarse. Abrió entonces, hace veinticinco años, una cafetería en el centro, que fue creciendo, ampliando la oferta de productos y cambiando de lugar hasta, hace dieciocho años, establecerse en su ubicación actual.

Es Doña Ceci. Hace tanto que se habla de ella que pareciese que sus años no se pudiesen contar, pero, a decir verdad, no son tantos, unos cuantos más que cincuenta, que parecen aún menos mientras ella sortea los licores, las gaseosas y los chocolates, casi sin tener que mirar sus manos. La noche pasada, como lo ha hecho durante los últimos veinte años, ha atendido el negocio familiar -en el que la ayudan sus dos hijos, Freddy y Sandy, dos jóvenes universitarios estudiantes de arte y antropología, respectivamente- hasta la hora que la ley se lo permite, en este caso, las tres de la mañana. Pero este ajetreado ritmo de vida no la alejado de su puesto detrás del mostrador: como todos los días de esos más de veinte años, hoy ha llegado puntual y no se ha retrasado un solo segundo en abrir, y tampoco podría hacerlo, sabe que cada momento alejada de su negocio la llena de angustia, ¿qué pasará en la tienda? ¿Cómo estarán atendiendo a sus clientes? (más…)

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VIDA RETIRADA

Abril 23, 2009 · Dejar un comentario

Es extraño que en el mundo acelerado de hoy, más en el caótico centro de Bogotá, se encuentren lugares donde el tiempo no pasa, el ruido no se siente y hay personas dispuestas a dedicarse a la vida retirada, aunque la decisión sea tan difícil como parece. El ruido es una característica del centro de Bogotá. Son tantas las personas que transitan por las estrechas calles que es apenas natural, por eso me sorprende el profundo silencio que llena todos los templos religiosos de esta zona de la ciudad. Cuando entré al convento de las Hijas de la Iglesia, en la plaza de Bolívar, era como si estuviera en otra parte, la tranquilidad, el silencio, la limpieza y ellas… un lugar escondido del mundo. Esta comunidad se dedica principalmente a la vida contemplativa, su mayor tarea es montar guardia en la capilla por turnos de una hora mientras esté “el santísimo expuesto”, y se sostienen con donaciones y la venta de prendas de vestir a los sacerdotes; son pocas las obras de caridad que hacen, pues el servicio social que prestan consiste en dedicarle el tiempo, que ya nadie tiene, a la espiritualidad.

La consagración a la vida contemplativa fue lo que más llamó la atención de la Hermana Ruth, una mujer de baja estatura, pelo largo y negro, y piel curtida por el sol, como cualquiera que se pueda encontrar en los campos del altiplano cundiboyacense. Según ella, algunas comunidades religiosas se dedican tanto al mundo exterior que pierde el sentido de los votos y muchos desertan. En otras ocasiones las obras de caridad se convierten en la forma de llenar vacíos. Por ejemplo, las monjas que tienen un gran instinto maternal trabajan con niños a quienes tratan como si fueran propios. Ella prefiere llenarse con la oración y admira sobremanera a las monjas de clausura, pues logran aislarse completamente para concentrarse en Dios.

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El payasito Willy: calmando el hambre con risas

Abril 2, 2009 · 9 comentarios

Jhon William Ramírez, “Willy”, es un payaso que decidió alternar las risas de los niños y las aventuras del circo con un trabajo más lucrativo: anunciar los platos de un restaurante de bajos precios.

Por: Pablo Medina y María Antonia Giraldo

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