Vigilancia encerrada
octubre 19th, 2010 § 2 comentarios
Por: Andrés Roa Rueda
Los barrios más antiguos de la ciudad de Bogotá cobijan dentro de su haber un grupo de ciudadanos dedicados a colaborar en diversos oficios de seguridad y convivencia con la ayuda de un pequeño espacio de lata y vidrio.
Mientras algunos duermen, otros están de fiesta y unos no han llegado a sus casas, existen unas personas que con bufandas, chaquetas azules, un bolillo y un buen tinto que trabajan para brindarle seguridad a los residentes de una calle, un conjunto o hasta un parque.
Carlos Alberto Valencia, vigilante de profesión asegura que; “Una caseta para un vigilante es media vida, es un lugar donde nos cubrimos del agua, del frio, del sol y de muchas cosas más, la caseta es fundamental para nosotros”
Las calles comprendidas entre la 153 y 161 entre la avenida 19 y la avenida novena, al norte de Bogotá, es una muestra clara de uno de los oficios más complicados y desgastantes en la capital de Colombia. En esta zona existen aproximadamente unos 12 puestos de vigilancia privada que cobijan a cerca de 24 personas que trabajan diariamente en turnos que pueden durar hasta 24 horas.
Así como un abogado necesita de sus códigos, un matemático de su calculadora y un dentista de su fresa, en el oficio de la vigilancia de la calle, el celador necesita una caseta para poder cumplir con su difícil labor.
Los puntos azules indican las casetas construidas de materiales de lata y vidrio,
Los puntos rojos indican las casetas con cemento y ubicadas dentro del patio de una vivienda a raíz de las actuaciones de las alcaldías locales para recuperar el espacio público
Pero más allá de ser un refugio, para un celador su caseta representa un segundo hogar puesto que allí se deben tapar de todos los males climáticos, guadar la correspondencia de las casas que custodian, preparar la comida y el tinto del día, cambiarse y en algunos de los casos, hacer sus necesidades fisiológicas.
“Don” victor, otro celador del sector muestra todos los elementos que hacen más ameno su puesto de trabajo de un metro x 50 cms. La decoración y manutención de la caseta, está a cargo de los dos celadores que comparten día tras día su amado refugio.
Lugar que quieren que sea respetado y valorado por todas aquellas personas que los rodean. Además, son contundentes al afirmarle a la sociedad que están orgullosos de lo que hacen y que sin duda alguna lo volverían a hacer en esta vida o en otra aunque les toque sacar de su propio sueldo para mantener aseada y en buen estado su puesto de trabajo. Sueldos que oscilan entre los 500 mil y 800 mil pesos colombianos mensuales, unos 250 a 400 dólares.
El texto está bien enfocado para intorducir el tema pero la escritura es muy deficiente. Problemas de puntuación, sintaxis y gramática. Hay que autoeditarse y ser mas exacto con el uso de las palabras. Ojo a esta parte!
Buen uso de las herramientas multimedia pero se traslapan un poco en los contenidos. Habría que diferenciar más los medios: cada medio para un propósito distinto.
Fotoreportaje: buenas tomas y buenos detalles. Falta un un hilo narrativo claro y quizás un personaje que nos lleve por su trabajo y su vida dentro de la caseta.
Video: Buena decisión respecto a que mostrar en video. Hubiera sido preferible escoger una hora del día más brillante para obtener una imágen más iluminada.
Audio: de lejos la herramienta mejor aprovechada en todo el reportaje. Buena conducción de la entrevista y edición impecable. Buena sonido ambiente.
Muy buen tema para el especial de “Bogotá Encerrada”. La reportería debería estar más enfocada hacía datos y hechos concretos o anácdotas. (por ejemplo tema del salario, que solo se menciona al final).
Buen trabajo.
****
CORRECION: ****/2